Las calles de Moskov se encontraban azotadas por el sol, el joven de piel morena que cargaba un estuche de guitarra se abrió paso a través de la ciudad hasta ingresar en un extraño bar sin nombre.
El encargado de la barra hizo un ademan de saludo mientras el sujeto procedió a sentarse en una de las muchas sillas vacías, -"veo que esta tan lleno como siempre, debo felicitarte por mantener el grandioso numero de UN cliente habitual"- fue lo que dijo el muchacho mientras encendía un cigarro, -"es usted el que me espanta la clientela, nadie quiere estar cerca de un delincuente... "- luego de estas palabras del barman, el joven le lanzo una gélida mirada que duro solo un segundo, sin embargo pronto esbozo una sonrisa amable -"¿que tiene de malo?, hasta donde se en esta ciudad se acostumbraba a recibir narcotraficantes con honores, sabes muy bien que ellos eran artífices de actos mucho peores que los míos y si lo ves desde cierto punto de vista... le hago un favor a este mundo, ahora trae algo de beber, estoy muerto de sed..."- sin atreverse a responder, el cantinero puso un vaso de sidra sobre la mesa, este a través de la tarde se convirtió en diez, el crepúsculo se arrastro por encima de la ciudad y aquel par de individuos continuaron solos en el establecimiento, -"ya se hace tarde y no ha venido nadie, pobre hombre, de no ser por mi estaría en la ruina total" dijo el muchacho para si mismo mientras continuaba bebiendo, dejo dinero sobre la mesa, era mas del que demandaba su consumo y se marcho, mientras caminaba por la calles se percato de la presencia de un individuo con ropas elegantes, de manera ansiosa se dispuso a seguirle de cerca y adivino que se dirigía hacia el callejón, a cada paso se sentía excitado y no podía comprender el por que de tal estado, presuroso desenfundo su cuchillo lanzando un feroz tajo a su presa, lo que sucedió fue totalmente inesperado, el filo de una navaja estaba contra su propio cuello, se percato al instante... no había querido detener su tajo, el extraño le ataco con intención de matarlo pero se detuvo cuando noto su arma, por la velocidad de su ataque intuyo que no podría asesinarlo en una pelea, el miedo se apodero de el hasta que el sujeto de traje elegante abrió la boca "vaya, hola señor asesino, no debería intentar cortar a las personas, aunque a decir verdad no tengo derecho a juzgarlo, que tal si vamos por una copa, ¿no le parece?", ambos enfundaron sus cuchillos y salieron caminando de regreso al bar, el muchacho de piel morena examino a quien intento asesinar hace unos minutos, vestido negro con un largo sombrero de copa, su largo cabello plateado se movía con la leve brisa antioqueña, "¿como te llamas señor asesino?" dijo el del sombrero, "no hay necesidad de responder, no le daría mi nombre a un asesino", respondió el del estuche de guitarra "es verdad, pero si gustas puedes llamarme SOMBRERERO LOCO y tu seguirás siendo el SEÑOR ASESINO" dijo dulcemente mientras abría la puerta del bar, el barman se mostró sorprendido al ver entrar a su habitual cliente con un acompañante, tomaron lugar en una apartada mesa, se acerco preguntando si deseaban algo de beber "tráeme una botella de sidra" dijo el de piel morena, cuando el dueño del bar pregunto al otro joven, este respondió "hoy no es mi cumpleaños, por favor algo de te", el cantinero estuvo a punto de contestar que eso era un bar y por lo tanto no había te, sin embargo la fría mirada de su habitual cliente le hizo saber que se trataba de alguien peligroso "muy bien, espere un poco" rápidamente se lanzo a la ciudad en busca de te, aun así no pudo encontrar tal producto en la ciudad, cuando abandono toda esperanza una mujer se detuvo junto a el dejando ver una caja de te, -"necesitas esto cierto, adelante tómalo, es mejor no hacerlo esperar... por cierto, en la cajita hay algo mas que te, dale lo que encuentres a aquel chico moreno, lamento no poder darte explicaciones pero no tienes mucho tiempo, cuídate" luego de estas palabras ella se esfumo, sin tiempo de pensar el cantinero volvió a su local y preparo el esperado te, lo sirvió a sus silenciosos clientes, extrañamente el del cabello de plata se había marchado, al mirar al joven de la guitarra se dio cuenta de que este estaba temblando, el cantinero pregunto que había sucedido y escucho la respuesta del muchacho.. "el diablo, ese hombre es el diablo".
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